Margaritas blancas junto a una Biblia abierta, iluminadas por el sol de la mañana
Una pausa para el corazón

En el centro de todo pecado está el egocentrismo

Cuando el yo ocupa el centro, nuestros deseos desplazan la voluntad de Dios y el bien del prójimo.

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas».

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».MARCOS 12:30–31 · RVR1960

Toca cada idea para descubrir su reflexión.

01El egoísmo desplaza al amor

Jesús nos llama a amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a nosotros mismos. El pecado invierte ese orden: pone nuestros intereses por encima de Dios y del otro.

En el centro del egocentrismo está esa pretensión: que todo se acomode a lo que yo quiero. Desde allí podemos ignorar, utilizar o herir a quienes estamos llamados a amar.

¿Estoy buscando el bien del otro o que prevalezca mi voluntad?

02Mis deseos pueden desviarme
«Su deseo busca el que se desvía, y se entremete en todo negocio».PROVERBIOS 18:1 · RVR1960

El proverbio advierte sobre quien se aparta para seguir su propio deseo y rechaza el buen juicio. Cuando mis intereses se convierten en la medida de todo, dejo de escuchar y de aceptar corrección.

Como aplicación de esta advertencia, podemos expresar: «Se desvía quien busca satisfacer su propio deseo».

Paráfrasis para la reflexión.

¿Qué deseo estoy defendiendo aun cuando contradice lo que Dios me muestra?

03También relegamos a Dios

El egoísmo también se expresa en nuestra relación con Dios. Podemos dejar de buscarlo porque vamos detrás de nuestros propios intereses; o acercarnos a Él para que respalde nuestros planes, sin disponernos a conocer y obedecer su voluntad.

El salmista reconoce que su corazón necesita ser orientado por Dios:

«Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia».SALMO 119:36 · RVR1960

Frente al afán de obtener para nosotros mismos, esta oración nos invita a desear la Palabra y a dejarnos guiar por ella.

¿Busco la voluntad de Dios o solamente que Él cumpla la mía?

04Revisemos lo que nos mueve

Incluso una buena acción puede esconder el deseo de reconocimiento, control o beneficio propio. No basta con mirar lo que hacemos: necesitamos examinar para qué lo hacemos.

«Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa».SANTIAGO 3:16 · RVR1960

Si nadie me reconociera ni obtuviera un beneficio, ¿seguiría dispuesto a servir?

05Volvamos a elegir el amor

Volver a poner a Dios en el centro implica reconocer nuestro egoísmo, pedirle que transforme el corazón y obedecer su Palabra. Ese cambio se expresa en acciones concretas: escuchar, aceptar corrección, pedir perdón y servir buscando el bien del otro.

«Inclina mi corazón a tus testimonios».

Que esta sea nuestra oración antes de decidir: Señor, orienta mis deseos hacia tu voluntad.

¿Qué decisión de hoy puede expresar más amor a Dios y al prójimo?

Que Dios ocupe el centro.
Que el amor guíe nuestros actos.

Señor, reconozco cuánto me cuesta renunciar a mis propios intereses. Examina mis motivaciones e inclina mi corazón a tu Palabra. Que no te busque solamente para que cumplas mis deseos, sino para conocer y hacer tu voluntad. Ayúdame a amarte y a buscar el bien de mi prójimo. Ocupa tú el centro de mi vida. Amén.